Cristo trajo el mensaje más optimista de toda la humanidad

Norberto R. Keppe*, extracto del libro Glorificación

Voy a hablar aquí del Cristo desconocido, o mejor, del Dios ignorado, debido a la mortal envidia que no sólo nos llevó a negarlo sino peor todavía, a no reconocerlo como Él es realmente. Tenemos ahora el concurso de la ciencia para abrir los ojos a una dimensión que la propia institución y las filosofías, aisladamente, no consiguieron ver.

Yo quiero hablar del Cristo verdadero, el Señor de la Tierra, de los planetas y estrellas, el dueño de todo lo que existe, aquel que no tiene mancha alguna de error o dolo, la total felicidad y alegría, que nuestra esmedida envidia no quiere considerar. Quiero hablar de aquel Ser que, por ser tan inmenso, generoso y bueno, vino a la Tierra para mostrar que vivimos en un único reino, que es el suyo.

El mensaje de mayor optimismo, que la humanidad recibió, fue el de Cristo. Es increíble como Él venció con la mayor facilidad, todo aquello que mas angustia al ser humano, por ejemplo, los errores que cometemos; la superación de la muerte con la resurrección; la enorme comunión universal entre todos los seres humanos; pero, principalmente, demostró el amor de Dios, considerándonos sus hijos y herederos (dueños, con Él) de todo el bien, de las cosas existentes y de la propia vida, esa llama de afecto, ese infinito ser que nuestros ojos jamás alcanzan a ver en todo su tamaño, del cual nuestros oídos no consiguen alcanzar toda su música; nuestro olfato, todo su perfume; nuestro tacto y paladar, todo el gozo que nos reserva. Lo interesante es que Él hace eso porque nos quiere, colocando todo ahí, a disposición; es sólo aceptarlo.

Todo lo que Cristo mostró e hizo constituye el mensaje de mayor esperanza y alegría, que jamás otra persona realizó. En todo lugar al que iba, procuraba sanar las enfermedades, perdonar los errores y mostrar la belleza del reino de los cielos; Él nunca condenó a quienquiera que fuera, por el contrario, se irritaba con la conducta de los hipócritas, que perturbaban la vida de sus semejantes; su trabajo principal fue el de esclarecer que Dios era bueno, y que quería a todos los seres humanos como hijos ,y el principal motivo de su existencia aquí era el de llevar a la humanidad hacia el bienestar y la felicidad; que la existencia era el mayor de todos los dones , y Dios actuaba, exactamente, como un padre que tiene el placer en colocar todos los bienes, en las manos de los hijos.

Dios es el ser mas alegre que existe, basta ver el murmullo de los ríos , el silbar de los vientos por entre los arboles; el vuelo relajado de los pájaros; el sol girando iluminado; la melodía y el perfume que se levantan de los bosques; las nubes corriendo felices por el cielo; y, principalmente, esa increíble creación que se levanta casi sin límite, preanunciando otra, dentro de la cual no habrá ninguna restricción.

Debemos prestar atención al hecho de que Dios no siente por nosotros lo sentimos por Él, o sea, tenemos un amor, un querer limitado, Él lo tiene ilimitado; nosotros parcializamos, Él es enteramente libre; nosotros restringimos lo que sentimos, Él no lo hace, principalmente, al perdonar los errores y aceptarnos enteramente, sin ningún límite. Podemos decir que Él es completamente desmedido en su afecto por nosotros.

Una pregunta que se me ocurre ahora es: ¿Lo que Cristo enseñó y mostró está siendo hecho? ¿el cristianismo ya existió en su forma pura, o todavía no? Al inicio, parece que sus adeptos lo llevaron con la mayor seriedad hasta que, en el siglo IV, intentaron unir el llamado poder espiritual al temporal. Creo que, desde entonces, él ha sido mezclado con elementos falsos, que lo vienen perjudicando.

De modo general, pienso que no es posible una conciliación entre los intereses de los grupos económicos y políticos, que dominan a la sociedad, con los del Creador.

¿Existen, realmente una Ciudad de Dios y otra de los Hombres, como nos decía San Agustín?, es decir, ¿un grupo auténtico, que actúa de acuerdo con la verdad y otro mentiroso, que busca vivir la ilusión y la fantasía, en detrimento de las otras personas? Es evidente que este último deberá, con el tiempo, someterse al primero, pero, para conseguir eso es necesario que las personas bien intencionadas se afirmen en su actitud, no haciendo continuas concesiones a la mentira y a la hipocresía, no solamente las de los otros, sino principalmente las propias.

El mundo no se sustenta del bien y del mal, como se dice vulgarmente, “encendiendo una vela a Dios y otra al demonio”, sino que vive, con todos sus errores y engaños, a costa de la verdad, que es su única base.

Cuando miramos la Ciudad de los Hombres, por mas bonita que sea, siempre encontramos, en sus meandros, señales de intriga, calumnia y crímenes que la entristecen; pero, si contemplamos la Ciudad de Dios, aquella misma belleza continúa acrecentada por un ambiente de gran paz y equilibrio. Así debería ser toda la Tierra que habitamos; no lo es sólo porque estamos cometiendo un gran engaño (al que di el nombre de inversión) a través del cual estamos actuando, al contrario, colocando el bien en la apariencia y el mal en la verdad.

La causa fundamental de tal actitud es la envidia tan grande que tenemos del Creador, negando su trabajo, intentando substituirlo por las ideas e intenciones de rehacer todo, conforme nuestra propia persona.

Y, como no podemos existir sin ser coherentes, sino en armonía con la propia naturaleza tal como fue creada, estamos en una actitud de destrucción de todo, inclusive de nosotros mismos. Es de fundamental importancia que concienticemos la envidia que nos llevó a romper con esa increíble maravilla que existe en todas partes.

San Agustín dice que la Ciudad de Dios es la gran obra iniciada con la creación, incesantemente continuada en el tiempo y el espacio y que nuestra envidia ha perjudicado. De este modo, esas dos Ciudades existen fundamentalmente en nuestro interior, constituyendo la lucha que hacemos con el Amor que es la Vida.

Si Cristo, actuando de la manera que actuó fue perseguido, condenado y muerto, es urgente que el ser humano perciba que existe un gran error en su civilización, a no ser que prefiera llegar a un punto de destrucción total.

Quien trajo la luz al mundo (la conciencia), que es la verdadera vida, fue Cristo, el único que nos suministró un conocimiento directo de Dios. El propio discípulo predilecto de Cristo, Juan, dijo que todo lo que el ser humano tiene fue dado por Dios.

Si el hombre está negando e intentando denigrar la imagen de Cristo, que es el sustentáculo de todo el bien, la verdad y la belleza, evidentemente, estamos acometiendo contra nosotros mismos y eso lo tenemos que concientizar urgentemente.

Cuando Cristo vino a decir cómo debería ser nuestra actitud, estaba hablando en calidad de aquel que posee toda belleza, verdad y bondad, y que deseaba que las tomásemos como parte de nuestras vidas.

Tenemos que concientizar toda nuestra falacia, al pretender cambiar la verdad por la imaginación, al negar y alterar toda la maravilla que nos está sustentando, al cerrar los ojos e impedir las ganas de sumarnos a ella. Estamos en un plano inverso al de Cristo: mientras Él miraba con piedad nuestras fallas, nosotros observamos su grandeza sin límite, quedando abismados de tal magnitud.

Todo lo que Cristo decía tiene el significado mas profundo posible y, siendo la vida psíquica lo mas amplio (y profundo) que existe, al traer sus interpretaciones para este sector tendremos la mejor explicación. Además, el hablaba siempre para el hombre en su integridad.

Voy a dar un ejemplo: en su parábola sobre los talentos, dice que, de los tres hijos, que recibieron diez, cinco y dos talentos, solamente los dos primeros trabajaron, rindiendo mas.

Se puede considerar el hecho social, pero ahí veremos que los mas ricos son los mas arrogantes y las personas que sólo tienen mucho interés por su progreso material son las peores. Pero, considerándolo en el aspecto psicológico, todo cambia de aspecto, pues las personas que mas trabajan con sus riquezas internas, inteligencia, aptitud, sentimiento y comprensión, son las mas agradables.

La revelación busca básicamente iluminar la percepción del ser humano que, después de concluido este ciclo de existencia, será el único sobreviviente en un universo inundado por la felicidad del Creador, debido a la actitud de los que lo aceptaron.

Cristo nos habló como Dios, nosotros tenemos que hablarle como seres humanos. Cristo hablaba en la condición de quien nos dio todo el amor, la vida y la propia eternidad; nosotros necesitamos hablarle de nuestra situación de seres totalmente agraciados por la verdad, la belleza y la bondad, y principalmente de la profunda gratitud por todo lo que nos hizo, porque Él demostró que aprecia cualquier actitud de aproximación nuestra.

Toda existencia es un verdadero sueño de amor, como es la propia vida en sí, pues ella nació de un acto de afecto de Dios, que es el propio sentimiento (Amor). Así vivimos nosotros; si no queremos notar eso, es debido al exceso de envidia.

*Norberto Keppe: Psicanalista, filósofo, cientista social, pedagogo e físico independente, autor de 43 livros, fundador e presidente da SITA – Sociedade Internacional de Trilogia Analítica, que unificou a ciência à filosofia e teologia.

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